BARRIO LOS ÑANDUCES


Sus tierras fueron parte de la granja homónima, vendidas mediante el sistema de remate público, el domingo 17 de noviembre de 1946, por la firma Húngaro y Barbará. El evento comercial se llevó a cabo sobre tres grandes fracciones que contenían 40 quintas de ¼ y ½ manzana, cuyas ventajas estaban detalladas en un ilustrativo folleto de venta, que así las promocionaba: “…Barrio Residencial Los Ñanduces, parques arbolados, las tierras mas altas de Ing. Maschwitz, lindando con las canchas del Golf Club Los Ñanduces, ubicadas sobre la ruta internacional pavimentada Nº 9 (Panamericana), frente al camino pavimentado a Del Viso (antes ruta nacional 2014, luego ruta provincial 26), a metros del Automóvil Club Argentino y selecto restaurante Patos Viccas…”


GRANJA LOS ÑANDUCES

El principio y el final

El pueblo de Ingeniero Maschwitz guarda la historia de importantes establecimientos rurales como la estancia Los Arenales, la Granja Los Ñanduces, Establecimiento Los Pinos, estancia Doña Justa, vivero de orquídeas de Federico Chauvin, granja Las Retamas, entre las más importantes. Pequeñas Chacras y tambos como el de Francisco Castelano, Alejandro Bargueño, Justo Lubo, Pedro Gotta, Justo Beliera, Luis Zanardi, José Vella, Ricardo “Cañito” Aradas, Guillermo Comino, Francisco Torres, entre otros. Empresas con plena ocupación, pequeñas industrias rurales que marcaron los rumbos de un país distinto. Los fundadores de esos establecimientos, nobles visionarios, se propusieron metas y las lograron, pero a medida que esos hombres fueron desapareciendo, también lo hicieron sus emprendimientos. Sus descendientes, muchos de ellos, luego profesionales, técnicos, empleados o comerciantes desecharon la sacrificada tarea del trabajo rural. Los campos productivos de otrora actualmente están ocupados por hermosos barrios residenciales. Donde antes crecía el trigo, la alfalfa y el maíz, ahora se ven elegantes casas quintas de fin de semana. Donde antes se apostaba a la cultura del trabajo ahora abunda la cultura del ocio.

Club de Polo Los Ñanduces, antecedente inmediato de la granja.

Esta institución ecuestre fue durante mucho tiempo un concurrido centro de reunión social, llegando a ser reconocida entre los mas selectos círculos de la elite porteña de entonces. Lujosos automóviles con sus correspondientes choferes, ataviados a la usanza de la época, llegaban desde la Capital con distinguidos caballeros y paquetas damas, todos conspicuos aficionados al polo. En esas instalaciones hizo sus primeras armas el famoso polista argentino Juan Andrada, primer handicap 10 de este deporte.

Este club de polo no fue una casualidad deportiva o social; era un deporte ecuestre vinculado al país desde fines del siglo XIX. Es un deporte de origen persa, que en principio extranó un poco a los patricios estancieros argentinos, más vinculados al “pato”, pero por ser un juego donde debía mostrarse una habilidad ecuestre fue adoptado rápidamente en casi todas las estancias, dejando casi de lado al juego criollo.

El club de polo Los Ñanduces se encontraba en una magnifica parcela de unas cincuenta hectáreas, cuya entrada estaba franqueada por dos soberbias columnas de ladrillos ingleses rematadas con perfectas esferas de piedra de unos 60 cm. De diámetro con su correspondiente guardaganado, propiedad de un tal General Jiménez.

Junto a los picaderos estaban los boxes, lugar donde alojaban a los hermosos ejemplares de polo, cuidada caballada reconocida por su destreza y agilidad. Los campeones contaban con compartimentos especiales donde eran preparados para ser presentados anualmente en la exposición de Palermo.

La casa principal tenía seis hectáreas de parque y una frondosa arboleda donde resaltaban varias especies de pinos. Los claros estaban cubiertos por arbustos rastreros y canteros con flores de estación. Dentro de ese marco de belleza natural se imponía la silueta de un aristocrático y elegante palacete de excepcionales líneas arquitectónicas que mostraba con orgullo todo su señorío y esplendor. A partir de la crisis de 1930, el club comenzó a decaer para desaparecer en los años siguientes. La propiedad fue adquirida por Víctor Casterán, empresario de origen Uruguayo, exportador de variados productos nacionales e importador de maquinarias rurales como los tractores Fordson y, según se supo decir, relacionado empresarialmente con el famoso cabaré “Tabaris”, reconocido y concurrido reducto de la noche porteña de entonces. El palacete fue refaccionado, remodelado y ampliado, realzando aún más su estilo. Se le anexó una gran pileta de natación y se utilizó el resto de las tierras para la instalación de una granja que mantuvo el nombre original “Los Ñanduces”. Según opinión de quienes lo conocían, la granja se inició para satisfacer un gusto personal, un hobby de don Víctor, pasatiempo que creció de tal manera que llegó a imponerla como una próspera industria rural.

El famoso criadero de Patos Viccas

La denominación y marca registrada de Patos Viccas, nació al juntar ingeniosamente las tres primeras letras del nombre y del apellido de don Víc-tor Cas-terán. La característica sobresaliente de esos animales eran su pecho carnoso y su forma de andar lenta y pesada, a tal punto que con el correr de los años este nombre se popularizó en los jóvenes que practicaban fisicoculturismo tomando el apodo de patos viccas por el desarrollo de sus músculos pectorales y su forma especial de caminar.

La palabra autorizada de don Mariano Pahor, persona que prácticamente se crió en aquel establecimiento nos ilustra al respecto: “…mi padre don Francisco llegó primero en 1927 y al año siguiente lo hicimos mi madre doña María y mi hermano, todos italianos. Al tiempo mi padre fue contratado por don Víctor Casterán para desarmar unos grandes galpones que habían pertenecido al frigorífico Walton ubicado en Cortínes, un pequeño pueblo cercano a Luján, lugar donde nos radicamos por algunos meses…”

“…con esos galpones se amplió el establecimiento que ya contaba con varias dependencias: silos para acopio de cereales, galpones “madre” donde se alimentaban y protegían a los patos recién nacidos, piletones con agua limpia donde los patos eran colocados por edades, cámara frigorífica, depósitos para almacenar los productos manufacturados y envasados como paté y patos al escabeche, oficinas y alojamientos para el personal…”

“…los patos “Viccas” eran una variante del pato Pekín, de plumaje blanco y distinto al pato criollo por su carne y tamaño. La variante Viccas se obtenía gracias a una buena alimentación, basada en cereales, suero de leche y leche pura solo los días miércoles. Con esa dieta rica en nutrientes se obtenía un pato doble pechuga listo para su venta y consumo a las ocho semanas de vida…”

“…el logo de la empresa era un pato blanco sobre un circulo con la inscripción Viccas en su parte superior, aunque en los camiones repartidores de la empresa y en los folletos de promoción se utilizaba uno que llegó a ser muy popular: una vaca y tres patos prendidos a sus tetillas, mientras su ternero observa la escena con preocupación…”.

“…mi padre era capataz del establecimiento y mi madre cocinera de la casa principal. Comencé realizando distintas tareas como el manejo de la incubadora con una capacidad de 50.000 huevos. Luego me inicié como ayudante de reparto para terminar como encargado…”

“…el reparto del productor terminado y congelado se efectuaba diariamente recorriendo hoteles, restaurantes, rotiserías y mercados de la Capital Federal y Gran Buenos Aires. Para evitar imitaciones se los identificaba mediante una etiqueta sellada y colocada a presión en una de sus patas…”

“…en épocas de máxima producción se llegaban a faenar entre 700 y 800 patos diarios. Los ejemplares elegidos para el consumo directo eran seleccionados por su peso y empaquetados en bolsas especiales para cámaras frigoríficas…”

“…el criadero Viccas llegó a ser reconocido mundialmente, a tal punto que durante la Segunda Guerra Mundial se exportaron toneladas de patos viccas congelados y subproductos a Europa. Para perfeccionar la raza, se mandaban anualmente entre 30 o 40 “patas” a los Estados Unidos, las que eran cruzadas genéticamente con otros ejemplares de similares características…”

“…anualmente se importaban de los Estados Unidos patas madres y se exportaban patos “viccas” en pié por vía aérea en cajas especiales. Los patos, como los pollos recién nacidos, tienen la capacidad de sobrevivir hasta 76 horas sin comer después de nacer, gracias a los nutrientes del cascaron que rompen al salir…”

Una empresa que desaparece

Con la muerte de Víctor Casterán ocurrida el 18 de diciembre de 1944, prácticamente desaparece la Granja Los Ñanduces y se crea una nueva empresa llamada INRUR S.A., cuya cara visible era Pablo Alberto Baiocci, hombre vinculado casi familiarmente con Casterán. Esta empresa se instaló en unos campos cercanos a la estación Río Luján, reemplazando de esta manera al Criadero Viccas, aunque este nuevo emprendimiento solo logró mantener una producción aceptable durante un par de años, para luego ser vendido a Molinos Río de la Plata. Con el tiempo el predio fue adquirido por una compañía que construyó en ese lugar el Country Club El Bosque.

LA HOSTERIA Y PARADOR VICCAS

Sobre la vieja ruta nacional Nº 9, a unos 200 metros de la ruta 2014 (hoy 26) y a escasos 100 metros del antiguo edificio del Automóvil Club Argentino, se encontraba un reconocido restaurante que ofrecía una detallada mesa de entradas y como plato principal el famoso “pato viccas” elaborado de varias maneras distintas. Reducto escogido por exigentes comensales y dirigido por un experimentado “chef” que ofrecía sus platos partiendo de la receta básica: “un viccas al horno”, hasta llegar a recetas mas elaboradas como: “viccas” a la naranja, a la valenciana, a la menta, al jerez, con higos, con uvas moscatel, al curry, a la alsaciana (relleno con manzanas y ciruelas secas), a la vasca, al estofado, con salsa de aceitunas y la especialidad de la casa: cazuela de viccas primavera”. Cada especialidad era acompañada por selectos y añejos vinos tintos o blancos, acorde a los ingredientes utilizados en su preparación.

Su construcción simulaba un gran rancho con techo de paja a dos aguas, orientado de forma paralela a la antigua Ruta Nacional Nº 9. En todo su largo resaltaban pequeñas ventanas empotradas en la mampostería de sus paredes pintadas de blanco que le daban a todo el conjunto un aire distinguido y singular. Su interior estaba ambientado cono en los mas selectos restaurantes de Buenos Aires, en donde se destacaban los largos manteles blancos, mientras que sus copas y vajillas, con sus correspondientes logos, se integraban con audacia a la sobriedad de un ambiente típicamente rural.

A fines de la década del cincuenta un incendio lo destruyó totalmente para ser luego reconstruido y remodelado con techo de tejas, administrado en aquel momento por Luis Cabrera y Nélida Ferrari, aunque a partir de aquel incidente nunca más logró acercarse a la fama de sus comienzos, siendo posteriormente demolido cuando la construcción de la Ruta Panamericana. En esa reformulación vial también cayó el antiguo edificio del Automóvil Club Argentino, para ser construido nuevamente en su actual ubicación.

Según don Mariano Pahor, el A.C.A. tenía previsto establecerse en un primer momento en Escobar, pero las fuertes vinculaciones de don Víctor Casterán y del Dr. Ricardo Fisco, hicieron que se instalara en unos terrenos propios ubicados en el cruce de las entonces Ruta 9 y 2014 ( hoy Panamericana y Ruta 26).

LOS ÑANDUCES GOLF CLUB

Federico Jacobs, editor de la Revista “Maschwitz”, nos dice que este club de golf fue inaugurado el 18 de septiembre de 1943, con una salida simbólica del Dr. Ricardo Fisco. El campo estaba ubicado sobre tierras pertenecientes a don Víctor Casterán, lindante con su granja. Se extendía desde la actual ruta 26 hasta el arroyo Escobar y desde la calle San Martín hasta la actual calle Los Ñanduces. El campo, se vendió en el año 1953 a Van Pevor. Actualmente una pequeña plaqueta de cerámica empotrada en la pared de la entrada a la quinta “Fairways” recuerda que esta fue, hace ya mas de medio siglo, el “Club House” del entonces Los Ñanduces Golf Club.

Ingeniero Maschwitz “Algo de la historia de mi pueblo y de su gente” por Juan Pablo Beliera